miércoles, 14 de julio de 2010

Venganza en Sevilla (Matilde Asensi)


En este libro hay dos momentos o recursos que me han parecido ingeniosos: la cambiante identidad hombre/mujer de Catalina Solís, que sirve para su plan de venganza de forma a la vez hábil y natural, y el capítulo  final donde los 'buenos' consiguen que los barcos de la Armada dejen a su alcance  las balas de plata,parte también de ingenioso plan de contrabando urdido por los 'malos'. También hay que reconocer que, a fuerza de insistencia y acopio de datos, se consigue que la Sevilla del XVII recupere algo de su color local. 
    Pero ingenio no siempre significa calidad literaria, y creo que ésos son aciertos aislados que no ocultan la mediocridad general de la  novela, que podría fácilmente compararse a una película de tipo B. Abundan los momentos melodrámaticos más bien extremos, como el encuentro de Catalina con su padre y su madre, el final es previsible casi hasta en sus mínimos detalles, los diálogos hiperbólicos, las reflexiones hondas y originales (sobre la venganza, por ejemplo) están completamente ausentes... Por su parte, los personajes aparecen y desaparecen de escena como marionetas, es decir, cuando les necesita la autora y no cuando podrían o no hacerlo si tuvieran verdadera autonomía... La narradora parece tener miedo a romper el grupo porque eso le puede obligar a dejar cabos sueltos que luego puede resultar muy difícil reanudar. El ritmo de la acción se lleva de manera muy desigual, pues realmente no pasa nada, o casi nada, hasta la página 200, y el clímax  (la aniquilación de los cuatro hermanos Curvo, uno por uno) se culmina en unas 20-30 páginas y a una velocidad que parece marcada por la necesidad de acabar la novela cuanto antes o de no traspasar el límite de páginas requerido por la editorial.
    Y la voz narrativa... Uno no entiende muy bien por qué la narración se pone en boca de Catalina y luego aparecen continuamente notas a pie de página que no se sabe de quién son (¿la autora?, ¿la editorial?, ¿la narradora?) y que unas veces explican palabras obvias y otras dejan sin explicar vocablos de lo más oscuros o arcaicos. Y el lenguaje... la autora ha llenado la narración de palabras y expresiones del español del Siglo de Oro, pero más bien se trata de un amontonamiento con aciertos ocasionales que de un remedo original y más o menos fiel y constante de ese lenguaje. Una comparación (y sé que las comparaciones son odiosas, pero en este caso necesarias) con unas páginas de El Quijote, o de El Lazarillo, harían ver lo artificial y amanerado del estilo de Venganza... 
     Con todo este panorama, uno sólo desea que el quinto y último de los  hermano Curvo haya muerto ya de muerte natural, para evitar que Catalina consume su venganza por sus propios medios y no se dé así la continuación de la novela que se promete al final. En fin, otro tópico best-seller más, otro libro para olvidar. Sigo sin entender por qué en algunos lugares a éste y a otros libros semejantes se les llama best-seller 'culto'. (Matilde Asensi: Venganza en Sevilla. Barcelona: Planeta, 2010, 300 pp.)



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