lunes, 13 de septiembre de 2010

Madera de boj (Camilo José Cela)

Quizá por mi debilidad por la literatura fantástica y la metaficción, las dos cosas que me han gustado de esta novela han sido su recuperación del folklore gallego y esas apariciones del propio autor en medio de unas evocaciones un tanto repetitivas y a la vez desordenadas sobre la Galicia profunda y la Costa de la Muerte, que parece ser el protagonista o referente que da unidad a todo el libro.

Lo primero me ha recordado al mundo de Jardín umbrio, de Valle Inclán, con su simbiosis de lo humano, lo divino, lo cristiano y lo pagano en esos parajes en los que las sirenas conviven con los lobisones, las meigas o las serpientes marinas.  En cuanto a lo segundo, tanto Cela como su familia  y su recepción del Nobel son algunos de los referentes reales en ese mundo de sueños y leyendas, pero afortunadmente lo hacen sin llegar a tener una presencia excesiva ni a hacer de ésta una novela pesadamente metaliteraria.

Sin embargo, creo que el resto de la novela no aporta nada nuevo ni al mundo de Cela ni a la novelística actual. La narración (por llamarla de alguna manera) está construida sobre todo por monólogos interiores que vuelven una y otra vez sobre los mismos temas,  motivos y personajes, sin que realmente haya información nueva o progreso de la historia después del primero de los cuatro capitulos. Al final resulta una lectura monótona y cansina de casi trescientas páginas escuchando prácticamente lo mismo de comienzo a final. Lectura que uno está tentado a abandonar más de una vez, a no ser le interese particularmente alguno de esos motivos o que intente descifrar el ritmo u orden de la novela, algo que yo no he conseguido (si es que no se trata de la repetición misma de algunos leitmotivs: los naufragios, la madera de boj, esos diálogos mínimos que interrumpen los monólogos, etc.).


Pero el resto es prácticamente la historia que uno lee siempre en los libros de Cela: unos personajes casi siempre grotescos y anormales, un mundo más bien cruel y sin resquicios para el optimismo, una sexualidad confundida con los genitales, la frecuencia de lo escatológico... Como siempre también su vocabulario es fluido y rico -lo que obviamente es bueno- pero aquí se da mezclado con el gallego de forma a mi parecer ilógica o desproporcionada (lo más normal en un caso como éste aquí habría sido redactar esos monólogos  todo en gallego, o todo en castellano, o crear un narrador en castellano y luego dejar a los personajes en su idioma, etc. En cualquier caso es un biligüismo que no convence por no parecer verosímil.


En fin, una novela para amantes de lo fantástico, lo folkórico o el experimentalismo,  pero que tendrán que sufrir una lectura laboriosa, luchar por identificar la procedencia de la voz narrativa y también echar mano del glosario castellano-gallego  que se incluye al final del libro (Camilo José Cela:
Madera de boj. Madrid: Espasa: Calpe, 1999, 288 pp.).



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