sábado, 23 de julio de 2011

Pobre corazón (Rosa Regas)

Me imagino que el lector de esta colección de relatos acabará más o menos satisfecho de su lectura en función del matiz que dé al título del libro. Si lo entiende en plan irónico, como creo que es la intención de la autora, el libro puede perder su carga trágica y hasta convertirse en algo divertido. Sin embargo, si lo entiende como algo simbólico y universal, el conjunto se convierte en una visión más bien pesimista del amor humano, pero no tanto por las maldades o miserias personales, sino por el peso del destino, lo cual hace de esta colección una buena versión posmoderna del amor trágico del Romanticismo.
      En este sentido Pobre corazón no es un tan negativo como Mi hermano Salvador y otras mentiras, de Carmen Posadas, que comenté en una entrada anterior. Aquí los personajes realmente se ilusionan con sus amores reales o platónicos, aunque luego al final, por una razón o por otra, esa ilusión se venga siempre abajo. Y esto quizá es lo que puede resultar un poco cansado para el lector, es decir, que prácticamente todos los cuentos tengan siempre un mismo esquema, es decir, que esos personajes bien individualizados y a menudo entrañables al final se inscriban en un único modelo esquema narrativo. Este esquema sería el siguiente: 1) encuentro ilusionado y un poco ingenuo pero feliz con el amor, 2) momento de crisis, y 3) momento de desengaño, sin redención posible.  El ambiguo título de uno de los cuentos, “Los funerales de la esperanza”, puede resumir muy bien también ese doble sentido que puede darse al título general del libro.
         En general cada relato tiene vida propia y originalidad, aunque también es cierto que en varios de ellos pesan algunos tópicos que, por otra parte, no siempre son fáciles de evitar en un tema como este. Es lo que creo que ocurre con el triángulo de “La farra”, la ambientación del amor humano en escenarios religiosos (algo muy frecuente en la literatura del decadentismo), el  cura acartonado  de “La nevada” o  los amores literarios y epistolares de “La inspiración y el estilo”. Pero también creo que en este caso es mejor reconocer que en su individualidad cada cuento está  realmente logrado y llega a ser conmovedor y merecedor de una segunda lectura. Esa mezcla de ilusión y sufrimiento de los principales personajes  llegan fácilmente al lector porque en general la autora huye de extremos y truculencias innecesarias, haciendo que se mantenga la verosimilitud de cada historia y la posibilidad real de cada protagonista. Es muy difícil, por ejemplo, no compadecerse del frustrado protagonista de “La farra”, de las víctimas de “Más allá del limite", tan rodeadas de vacío...
       El lenguaje y el estilo se notan que están trabajados y modelados con unos leves tonos poéticos que van muy bien con las anécdotas relatadas. Un estilo con peso propio donde las palabras parecen brotar naturalmente sin preciosismos ni alardes estilísticos forzados, y que es a la  vez cuidado y  posee un lirismo contenido que da a las historias el vuelo poético justo, sin convertirlas en cuentos propiamente líricos pero también sin perder el contacto con la historia.  Igualmente, se alterna el uso de diferentes perspectivas narrativas (monólogos, tercera persona, etc.) de la forma más natural y conveniente para cada relato.  Como reparo menor pueden señalarse los diversos errores o erratas de las expresiones latinas de “Introibo ad altare” (escrito a veces “Introbio at”, etc.).
         En resumen, Pobre corazón resulta un grupo de cuentos  que leído en su conjunto puede sentirse un poco monótono, pero que a la vez, considerados aisladamente y con la excepción de algunos tópicos quizá inevitables, no dejan de conmover y ser singulares. Además está escrito con personalidad, exigencia y acierto. Una buena versión moderna de la tradición trágica del amor romántico pero que por desgracia, como este, parece no encontrar una salida a la fatalidad del destino.  Lo incluyo en mi lista de recomendados con las prevenciones señaladas. Mi reseña de Mi hermano Salvador y otras mentiras, de Carmen Posadas, aquí. (Rosa Regas: Pobre corazón. Barcelona: Destino, 1996,  240 pp.).






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