lunes, 12 de mayo de 2014

Mercedes Salisachs: El declive y la cuesta.

Como quizá sepáis hace unos días murió Mercedes Salisachs, a los 97 años. Como pequeño homenaje recupero la entrada que dediqué a El declive y la cuesta, que acabé incluyendo en mi lista de recomendados. En la reseña explicó por qué, y cómo llegué hasta él, después de haber descartado El cuadro y La gangrena

He llegado a este libro después de haber empezado y no haber podido terminar El cuadro, la última novela, muy breve, de Salisachs. Lo que leí de El cuadro me pareció demasiado desigual, con un lenguaje que combinaba con excesiva frecuencia hallazgos originales con prosaísmos y alguna que otra cursilería; por su parte el argumento mostraba una intención moralizadora demasiado obvia y un desenlace más o menos predecible, eliminando así el sentimiento de intriga y de sana incertidumbre que debe rodear la narración de una historia. En descargo de su autora hay que decir que en El cuadro trata un tema de interesante actualidad, y que lo ha escrito a sus 94 años, lo que puede explicar esas limitaciones, pero también la convierte en la escritora en activo más longeva de España y quizá del mundo.

     Cuando fui a devolver El cuadro a la biblioteca eché una ojeada al resto de novelas de Salisachs y esta fue la que más me atrajo (más que La gangrena, quizá por mi mala experiencia con los Planeta) por estar catalogado como novela histórica por su editorial. Por ello, y saltándome el marco temporal que he elegido para el blog, decidí reseñarlo. La primera edición es de 1966, con Planeta, y la segunda de 2004, con Ediciones B. El comienzo de la novela me pareció muy semejante en tono y estilo a El cuadro, pero a medida que iba avanzando su lectura ese estilo parecía como encontrándose a sí mismo, ir tomando cuerpo y unidad para bien; de forma paralela, el argumento iba consolidando la intriga, desenvolviéndose a un ritmo estable y bien mantenido y adquiriendo una tensión climática constante, sin bajones o descansos. Es lo que hizo que no sólo lo acabara sino que realmente me mantuviera interesado hasta su conclusión.
     El declive y la cuesta no me parece una novela histórica típica, pues los elementos historicistas y exóticos están reducidos al mínimo imprescindible, en favor del drama íntimo de los personajes. El argumento se desarrolla en tiempos de Jesucristo y es básicamente la leyenda novelada de la historia de Dimas, el buen ladrón, contada desde la perspectiva de Eva, su madre. La novela tiene unos capítulos iniciales que sirven más  menos de introducción y llega pronto a una especie de clímax que nunca va a desaparecer. Esto es lo que creo que hace especialmente única y lograda a esta novela.  A ello contribuye un lenguaje con tendencia lírica e impresionista, que no es nada rebuscado o difícil, lleno de frases cortas y transparentes, aunque también cuente con algunas repeticiones un poco cansinas. De la misma manera, esa intensidad la consigue la autora desnudando al argumento de todo tipo de descripciones y diálogos que puedan distraer de la acción principal. En este sentido me ha recordado a las sobrias nivolas de Unamuno.  Y también colabora con ese clima la acertada elección que la autora hace de la perspectiva narrativa, que es la de la madre de Dimas, un personaje con el que Salisachs –madre de cinco hijos, uno de ellos muerto en un accidente a  los 20 años– puede identificarse muy fácilmente. Y otra de las razones me parece ser la de haber elegido el evangelio de Juan como principal intertexto, pues es el evangelio que narra con más detalle y patetismo la pasión de Jesús. En cierta manera, leer La cuesta… es como releer la pasión de Juan pero a cámara lenta, desde una perspectiva femenina y con una serie de detalles y aciertos literarios que incluso aumentan el patetismo del texto original.
     Con lo que he dicho creo que ya ha quedado perfilado el lector ideal para el libro. El declive y la cuesta gustará especialmente a los aficionados a la novela histórica, ya que algunos datos y detalles sobre las costumbres judías resultan realmente iluminadoras, y  también porque los personajes secundarios o ficticios y sus acciones se mezclan muy bien con las de los personajes históricos o legendarios y permiten ver la historia tradicional desde otro y original punto de vista. Me imagino también que es una novela que gustará a las madres de hijos e hijas  más o menos “díscolos” (y creo todas las madres se "autoincluirán" en este grupo), pues la mayor parte del argumento descansa sobre las angustias y preocupaciones de Eva ante el descarrío de Dimas, su posterior incomprensión ante la decisión de éste, y el final feliz y al mismo tiempo doloroso en que Eva resulta consolada por otra figura femenina similar.  También me parece que ese lector o lectora tiene que estar interesado o al menos familiarizado con el mundo bíblico o la literatura del Nuevo Testamento o al menos haber visto la famosa película de Mel Gibson. Esto favorecerá bastante más el disfrute de todos los juegos intertextuales que Salisachs lleva a cabo, aunque también me parece que de por sí el drama es lo suficientemente interesante y está lo suficientemente bien narrado como para llegar a todo tipo de lectores. Por último, el final puede parecer, como algunos otros momentos de la novela, demasiado melodramático  o un poco previsible en su generalidad, pero no creo que lo sea en sus detalles y matices, que normalmente es lo que hace meritorias a muchas de las mejores novelas históricas.
     En resumen una novela con méritos formales y temáticos  propios, que puede resultar un poco durilla para los lectores menos dados a estos géneros o temáticas pero también especialmente lograda y atractiva si se lee bajo algunos parámetros concretos. (Mercedes Salischas: El declive y la cuesta. Barcelona: Ediciones B, 2004, 296 pp.).



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